La cultura de la cancelación y el branding

Para no perder la costumbre, esta entrada ha sido inspirada de un cosas que suceden en el día a día en la labor del comunicador, en el que líneas delgadas entre ser un profesional y fingir serlo se dejan ver. El tema de hoy puede tener muchos puntos de vista y sí, admito muchos de ellos son generacionales, pero quienes nos dedicamos a la comunicación tenemos el deber de encontrar el justo medio.

Cuando hablamos de branding, como diseñadores solemos mal entender ya que nos remitimos inmediatamente a la identidad gráfica, Si bien es cierto, el logotipo, los colores, la tipografía, y cualquier soporte que una marca genera con estos elementos son parte del Branding, sin embargo el Branding implica la imagen total de la marca, es decir no sólo es como se ve, también es como se lee, como se expresa, como se identifica en su totalidad. En entradas pasadas ya he mencionado el ejemplo de Starbucks, quienes mantienen un tono en su comunicación y un estilo específico, no sólo a través de la comunicación que realizan en sus redes sociales, también en la comunicación que tienen sus empleados cuando te atienden dentro de uno de sus establecimientos, sus uniformes, su comportamiento, el trato con el cliente etc. 

Básicamente el Branding implica toda la personalidad de la marca, si pensáramos en una marca cómo en una persona, lo veríamos así: para ti, tú identidad la definen varios aspectos, como te vistes como hablas, como te expresas, tu acento, tu género, tus gustos, tus características físicas, tu ideológia, etc. Eso es precisamente a lo que el Branding se refiere cuando lo convertimos de persona a marca.

Ahora bien en el punto en el que el Branding implica mucho de la comunicación verbal y escrita, nos topamos justamente con nuevas vertientes, por un lado algo que es importante concientizar son las diferencias que tenemos como seres humanos, debemos ser inclusivos en muchos sentidos sin faltar al respeto, sin embargo en este punto es en dónde encontramos una línea muy delgada entre ser respetuosos y dónde esta línea incluyente se convierte en un exceso de cancelación.

Afortunadamente estamos viviendo una transformación, esta transformación va dirigida en pro de disminuir el odio, el rechazo, etc. que se tiene hacia determinado género, preferencia o raza, el punto aquí y la clave es la tolerancia, cómo respetamos la forma de vivir del otro, Y es aquí donde podríamos entrar en un debate interminable, cuando la situación es más simple, el tema es respetar al otro, con sus creencias con su forma de vivir etc., pero qué pasa cuando el defender lo políticamente correcto se vuelve en sí mismo incorrecto. Para dejar claro a que me refiero te dejo un ejemplo: si a alguien le gusta el café y a otra persona le gusta el té, ¿esto nos da el derecho aparentemente de que los amantes del café se sientan ofendidos porque hay personas que aman el té y viceversa?, ahí se pierde completamente el punto de la tolerancia. Si el amante del café no está violando la integridad de la otra persona ¿por qué el amante del té habría de evitar decir que ama el té para que el que ama el café no se ofenda?

Defender lo que es correcto y lo que no, desde una postura subjetiva, actualmente está cayendo en lo absurdo, porque las nuevas generaciones o un sector de las nuevas generaciones intenta cancelar todo aquello que no entiende, no cancela lo que es ofensivo solamente; simple y sencillamente justifica su ignorancia con argumentos absurdos en los que aparentemente alguien está siendo ofendido.

Y no estoy diciendo que no existan verdaderos casos de discriminación, esto es un problema que nos atañe sí, pero es muy distinto a la historia que les voy a contar … Imaginemos que un restaurante ponen un letrero afuera de su local y dice «especial del día» Y después de eso viene la lista de lo que están preparando hoy en el restaurante para los comensales, ¿por qué en este escenario, usar la palabra «especial» sería negativo, si el contexto es correcto?… pues bueno en este imaginario escenario, hay un imaginario equipo donde se generó un pequeño debate ya que se deseaba retirar la palabra «especial» porque para una persona del equipo, era ofensivo y ahí es donde me pregunto ¿en serio ya vamos a tener que cancelar la mitad de las palabras que existen en el diccionario?,¿ aún cuando es la palabra necesaria para expresar algo? ¿ahora redacciones sencillas tienen que ser canceladas?

Después de analizarlo a detalle he caído en cuenta que en ocasiones la cancelación se usa como justificación a la ineficiencia de un proceso o de una persona, es decir, todo parece apegarse a un proceso de no admitir el error «alguien me corrige y prefiero justificarme diciendo que tengo mucha experiencia (cuando acabo de salir de la escuela) y aparte para defenderme uso términos que encontré en internet para que suene super pro, y de ahí me justifico para no aceptar el hecho de que de inicio, simplemente lo que hice requería una pequeña modificación y no tenía nada de malo considerar ese error y mejorarlo para la próxima».

Es donde voy a sonar como una anciana, pero creo que gran parte de los trabajadores de las nuevas generaciones no están dispuestos a entender que una cosa es ser incluyente, no ser ofensivo, y otra muy distinta es no querer ver que a veces un punto, una coma, o un contexto erróneo hace que nuestra comunicación final sufra.

No estoy a favor de ningún tipo de discriminación, de lo que estoy a favor es de una comunicación efectiva, y una comunicación efectiva implica una comunicación neutral, libre de excusas basadas en la neo-cancelación, para la cual incluso existir es políticamente incorrecto.

Si tu usuario, cliente, o destinatario final no entiende lo que quisiste decir, entonces lo que estas haciendo está mal, es así de simple, no se trata de trucos psicológicos, no se trata de decir que eres experto en algo, porque¡ por Dios! hoy en día donde todos se venden como expertos, es fácil saber quién lo es de verdad: el que es experto no dice «en mi experiencia» o «soy experto» quién es experto en algo lo es, ¡lo hace y ya!, no necesita ni mencionarlo, ni presumirlo.

Es momento de ser honestos con nosotros mismos y evaluar nuestro contenido gráfico o escrito o hablado de una forma objetiva. Lo que hacemos como profesionales de la comunicación es literalmente comunicar, entonces si lo que estamos comunicando no es efectivo, no es claro o no logra el objetivo, entonces algo está mal y no podemos justificarnos con conceptos abstractos que sólo entre nosotros entendemos.

En más de una ocasión en mis años en agencia me tocó toparme con excusas que daba un diseñador, cuando le decías «oye, visualmente no está cumpliendo con lo que el cliente o con lo que el Target necesita» y este diseñador en pro de defender con capa y espada su diseño se inventaba miles de excusas, diciendo «es que esto es vanguardista», «esto es lo que la tendencia dice que se debe usar», «la psicología del color indica que blah blah blah…». Las justificaciones no van a cambiar la realidad, es muy simple, por ejemplo: tú comunicación que busca vender un producto ¿lo está vendiendo? Hay dos opciones si o no, si sí, lo hiciste bien; si no, debes ¡ corregir el camino! Y esto aplica en todo.

Nadie nace sabiéndolo todo, nadie sale de la universidad sabiéndolo todo, nadie se muere sabiéndolo todo, hacer bien tu trabajo implica reconocer lo que haces bien pero sobre todo lo que haces mal, eso te permite mejorar y ser realmente la persona que quieres o crees ser tanto a nivel profesional como personal.

Como siempre la invitación es a ser verdaderos profesionales de la comunicación, a dedicar mas tiempo a realmente ser expertos y no a solo «decir que somos expertos».